No empezamos con código. Empezamos con Excel
Antes de construir herramientas para otros, las construimos para nosotros. Trabajábamos como empleados en distintas empresas, y construir herramientas no era nuestra función: era lo que hacíamos para quitarnos de encima el trabajo repetitivo del día a día. Así empezó Provecto.
Lo que veíamos
Siempre vimos ineficiencias. En cada lugar donde hemos trabajado, veíamos a compañeros que hacían muy bien su trabajo, pero dedicaban buena parte de su jornada a tareas repetitivas. No era falta de ganas ni de capacidad: nadie tenía tiempo ni herramientas para plantearse hacerlo de otra manera, y se hacía así porque siempre se había hecho así. Mucho de ese trabajo se resolvía a base de copiar y pegar, cuando la tecnología podía hacerlo por ellos.
Por ejemplo, en una agencia de viajes, el sistema interno servía para facturar, pero no para gestionar procesos. Todo lo demás vivía en la memoria de cada persona y repartido en hojas sueltas de Google Drive: había que acordarse de lo que faltaba, apuntarlo y volver a revisarlo.

Primero, Excel
Empezamos por lo que teníamos a mano: microautomatizaciones con Excel, sin una línea de código, encadenando fórmulas con lógica. Cambiabas el valor de unas celdas y se generaba un párrafo completo con las palabras variables, listo para copiar, pegar y enviar. Cruzábamos hojas de cálculo para detectar desajustes en la facturación. Acabamos creando un Excel que centralizaba gran parte del trabajo del día a día, con colores y una interfaz con botones. Funcionaba y estaba bien presentado, pero no dejaba de ser un Excel: la empresa necesitaba un sistema de verdad.

Cambiamos de empresa, no de problema
Con el tiempo cambiamos de empresa. Aquí sí había un sistema, pero no era lo bastante eficiente: seguían quedando muchas cosas por hacer a mano. Y en muchas de esas gestiones no había ninguna decisión humana que tomar, porque todo respondía a una lógica bien definida. Así que conectamos los procesos para automatizar esas tareas. Fue ahí donde dimos el salto del Excel al código.

Primero el criterio, luego el código
Con la IA, el salto fue natural, y precisamente por eso nos tomamos en serio cómo se usa. No consiste en pedirle algo y esperar a ver qué sale. Primero decidimos nosotros qué hay que hacer, cómo, cuál es el flujo, cada detalle del trabajo y los casos límite que pueden aparecer. Después la IA ejecuta: escribe el código siguiendo ese criterio. Nosotros lo validamos, diseñamos la interfaz y revisamos el resultado. Es una herramienta en nuestras manos, no un piloto automático.
Del código pasamos a herramientas de escritorio y, después, a portales completos. Siempre con la misma lógica: procesos dispersos convertidos en herramientas a medida.

Provecto no nació de una idea de negocio. Nació de una necesidad real, y de la certeza de que lo que funcionó una vez podía funcionar para otros.
Nos tomamos en serio lo que entregamos
Una herramienta que se usa todos los días no puede quedarse a medias. Esto es lo que significa para nosotros trabajar bien.
Primero entendemos, después construimos
Estudiamos cómo funciona tu proceso de verdad antes de escribir nada: qué hay que hacer, en qué orden y qué puede salir mal.
Cada decisión tiene un porqué
Definimos el flujo, los detalles y los casos límite. La IA ejecuta, pero el criterio es nuestro y lo revisamos todo.
Seguimos hasta que está bien de verdad
No damos nada por terminado porque «ya se ve bien». Revisamos todo lo que producimos, también lo que casi nadie va a notar, y si algo puede quedar mejor, lo dejamos mejor: los detalles son lo que hace que una herramienta dé confianza.
Somos puntuales
Acordamos una fecha de entrega y nos comprometemos a cumplirla. La puntualidad es parte de lo que entregamos.